El pregón y el arranque de una semana muy larga
Entre los actos más representativos de la feria está el encendido del alumbrado, momento en el que también se lee el pregón. Para 2026, el pregonero será Juanfran Funes, entrenador del Málaga CF, un nombre que conecta la fiesta con una figura muy reconocible para la ciudad. Esa elección refuerza una costumbre muy malagueña: buscar rostros cercanos, con eco popular y vínculo local, para abrir una celebración que se entiende tanto desde la emoción como desde la pertenencia.
El pregón no es un mero trámite ceremonial. Marca el paso de la ciudad cotidiana a la ciudad festiva, y lo hace en un escenario donde la Feria de Málaga se divide en dos espacios claramente diferenciados. Por un lado está la Feria de Día, en el Centro Histórico, con su ambiente de paseos, encuentros y música; por otro, la Feria de Noche, en el Real Cortijo de Torres, donde se concentran casetas, puestos y atracciones. Esa doble estructura es una de las señas de identidad de la cita y explica por qué la feria atrae a públicos muy distintos sin perder unidad.
No todo gira alrededor de los conciertos o del bullicio. El valor del pregón está también en que sitúa la feria dentro de una narración común, la de una ciudad que se reconoce en sus símbolos y que vuelve cada agosto a un mismo ritual. Ese gesto de apertura, unido al alumbrado, funciona como una llamada compartida. Y cuando la ciudad se reconoce en ese inicio, la feria deja de ser solo programación para convertirse en costumbre viva.
María Barranco, abanderada de la romería
La Romería de la Feria tendrá en 2026 una protagonista muy ligada a la ciudad: la actriz María Barranco será la Abanderada de la Feria de Málaga. El nombramiento, aprobado por la Asociación Centro Histórico de Málaga, le confía un papel visible en uno de los actos más queridos de la celebración, la XLIII Romería, que se celebrará el sábado 15 de agosto. El recorrido comenzará a las 11:00 horas desde la puerta del Ayuntamiento y avanzará hasta el Santuario de la Victoria.
La romería es uno de esos momentos en los que la feria se asoma a su raíz más tradicional. Desde el centro hasta el santuario, el trayecto reúne a quienes participan a pie y a quienes lo hacen en coche de caballos, en una marcha que atraviesa las principales calles del centro histórico para seguir por calle Victoria hasta el templo. Allí se celebra la misa tradicional en honor a Santa María de la Victoria, patrona de Málaga. Ese conjunto de pasos, sencillo en apariencia, sostiene una de las imágenes más reconocibles del verano malagueño.
María Barranco añade a ese acto una carga simbólica muy propia de Málaga. Nacida en la ciudad y con una trayectoria de más de cuatro décadas en cine, teatro y televisión, forma parte de una generación de intérpretes que han llevado el nombre de Málaga mucho más allá de su territorio. Su popularidad se consolidó con Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar, y su carrera ha sido reconocida con dos Premios Goya a la Mejor Actriz de Reparto. Que sea ella quien porte la bandera en la romería da a la jornada una mezcla de tradición, prestigio y cercanía que encaja bien con el carácter de la feria.
La feria de día y la feria de noche, dos maneras de vivir lo mismo
Quien se acerque a la feria desde Málaga capital encontrará dos experiencias bien distintas, aunque conectadas entre sí. La Feria de Día se concentra en el Centro Histórico, donde el movimiento es más peatonal, el ambiente más abierto y la música se mezcla con el recorrido de quienes van de un punto a otro sin necesidad de quedarse quietos demasiado tiempo. Es la parte más visible para quien pasea por el centro y la que convierte la ciudad en una sucesión de encuentros, paradas y conversaciones que se alargan durante horas.
Por la noche, en cambio, el protagonismo lo toma el Real Cortijo de Torres, con casetas, puestos y atracciones. Allí la feria cambia de escala y de energía, pero no de identidad. La división entre centro y real no fragmenta la fiesta, la amplía. Una parte invita a moverse por las calles y a dejarse llevar por el ambiente diurno; la otra concentra la actividad nocturna en un espacio preparado para prolongar la celebración con otro ritmo. Esa combinación explica por qué la feria sigue teniendo tanto peso en la vida de la ciudad.
Además, el Ayuntamiento ha recordado que el horario de finalización de las actividades en el Centro Histórico será a partir de las 18:00 horas, de modo que la Feria de Día queda encuadrada en una franja concreta que permite ordenar la convivencia entre celebración y vida urbana. No es un detalle menor para quien se mueve por el centro durante esas fechas, porque condiciona el momento en que la música debe cesar en la vía pública y ayuda a entender cómo se organiza el uso festivo del casco histórico.
Caballos, enganches y acceso al recinto ferial
Junto a la programación más visible, la Feria de Málaga también se sostiene sobre una logística muy cuidada para que la presencia de caballistas y enganches encaje con seguridad en el recinto ferial de Cortijo de Torres. El Ayuntamiento ha abierto ya el plazo para solicitar el acceso, que permanecerá disponible hasta el 22 de agosto. La credencial volverá a tramitarse mediante un código QR, el mismo sistema que ya se utilizó el año pasado y que permite controlar mejor el acceso de los equinos al recinto.
El proceso puede hacerse de forma telemática en la sede electrónica o de manera presencial en la oficina de Servicios Operativos, en Camino San Rafael, 99. En este caso, la atención se presta en días laborables desde el 27 de julio hasta el 21 de agosto, de 11:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 21:00 horas, con las salvedades de los días 1, 2, 8 y 9 de agosto, en los que la oficina permanecerá cerrada. Los días 15, 16 y 19 de agosto se atenderá con el horario habitual, y el sábado 22 de agosto habrá atención de 11:00 a 14:00 horas.
También aquí la feria deja ver hasta qué punto combina tradición y control administrativo. Cada montura recibirá un pase digital, y en caso de enganche se facilitará un pase para el carruaje y tantos como se soliciten para cada animal de tiro. El sistema permite llevar el QR en el móvil o impreso, y el documento irá acompañado del chip del animal y de su nombre. Entre la imagen clásica del paseo de caballos y la verificación técnica de requisitos, la feria mantiene un equilibrio muy suyo entre costumbre y regulación.
Un calendario que también habla de la ciudad
La Feria de Málaga no se entiende solo por su cartel, sus casetas o sus actos más solemnes. También se entiende por la manera en que organiza el verano de la capital y por el efecto que tiene en toda la provincia cuando Málaga se convierte en el gran centro festivo de agosto. Durante esos días, la ciudad concentra buena parte de la atención social, cultural y de ocio, y lo hace con una programación que mezcla memoria, participación y uso intensivo del espacio público.
En esa mezcla, el 19 de agosto tiene un valor especial porque recuerda la incorporación de Málaga a la Corona de Castilla, una fecha que no queda relegada al plano histórico sino que sigue incorporada al calendario de la feria como parte de su sentido. La celebración, además, empieza a tomar forma mucho antes del primer día oficial, con el pregón, el alumbrado, la romería y el piromusical como secuencia de arranque. Todo eso hace que la feria no sea un bloque aislado, sino una cadena de momentos que se van encadenando con lógica propia.
Y ahí está una de sus virtudes: la feria no se limita a llenar ocho días, sino que organiza una forma de vivir la ciudad durante ese tramo del verano. Entre el centro y el real, entre la misa en el santuario y la música en la vía pública, entre el pase de caballos y la caseta, Málaga se reconoce en una celebración que sigue siendo una de sus grandes señas de identidad. Cuando llegue el 15 de agosto, la ciudad ya habrá entrado de lleno en ese tiempo distinto que solo dura una semana larga, pero que se recuerda durante mucho más.
La fecha de cierre, el 22 de agosto, pondrá orden a una celebración que cada año deja claro que la feria no es solo una sucesión de actos. Es también una manera de medir cómo la ciudad se reúne, se organiza y se mira a sí misma cuando el verano alcanza su punto más intenso.