Torremolinos se prepara para una jornada que rompe con la idea clásica de festival y la sustituye por una combinación más libre, más irónica y bastante más abierta al cruce de formatos. El 24 de octubre de 2026, el Auditorio Príncipe de Asturias acogerá Holi, Not Holi, una propuesta que se presenta como un espacio de encuentro entre música, ideas y público. No se trata solo de encadenar actuaciones: la cita plantea una convivencia de conciertos, sesiones de DJ, humor y conversaciones pensadas para que la cultura pop tenga también un lugar de conversación y de juego.
Con ese planteamiento, la jornada se desmarca de la estructura habitual de los festivales convencionales y apuesta por una fórmula menos rígida. Bajo el lema «Música, cultura y contradicción», el proyecto busca precisamente eso, mezclar lenguajes y energías distintas en una sola cita. Para quien busque algo más que una sucesión de conciertos, la propuesta llega con una identidad muy clara: una celebración de lo musical, pero también de la personalidad, la ironía y el cruce entre escena y discurso.
En el cartel conviven nombres muy reconocibles y perfiles que aportan matices distintos. Desde el directo de Ojete Calor hasta el DJ set de Inés Hernand, pasando por Coolnenas, Señora Biónica y Angelita Melón, la programación dibuja una fotografía muy concreta de lo que quiere ser Holi, Not Holi: un formato híbrido, juguetón y con mirada contemporánea.
Un formato que se sale de lo habitual
La primera clave de Holi, Not Holi está en su planteamiento. Frente a los modelos más previsibles de festival, esta cita propone una mezcla de lenguajes que no obliga a elegir entre concierto, sesión o charla. Todo convive en el mismo espacio y bajo una misma idea, la de crear una experiencia cultural donde la música no funciona como único centro, sino como punto de partida para otras formas de participación y de relación con el público.
Esa decisión le da al plan un tono distinto. No se trata solo de ver actuaciones, sino de entrar en una dinámica donde el humor, la palabra y el baile forman parte del mismo relato. ¿Qué ocurre cuando un directo de pop absurdo comparte espacio con un DJ set de una comunicadora muy vinculada a la cultura digital? ¿Y cuando a eso se suman proyectos que se mueven entre el indie electrónico, la estética club y el componente performativo? Precisamente ahí reside el interés de la cita.
Además, la propia forma en que se presenta el proyecto deja claro que no busca la solemnidad. La idea de contradicción aparece como parte del juego, no como un problema. La cultura aquí se entiende como algo que puede ser ligera y, al mismo tiempo, inteligente; festiva y, a la vez, consciente de su identidad. En un calendario cada vez más lleno de propuestas parecidas, esa combinación le da personalidad propia.
Ojete Calor y el valor del subnopop
Encabezando la programación aparece Ojete Calor, el dúo formado por Carlos Areces y Aníbal Gómez. Su nombre ya funciona casi como una declaración de intenciones: humor absurdo, electrónica y mirada generacional se mezclan en un proyecto que ellos mismos han bautizado como subnopop. Esa etiqueta, tan provocadora como divertida, resume bien su propuesta, que se mueve entre la parodia, el contagio rítmico y una manera muy particular de entender el espectáculo en directo.
Su presencia en Holi, Not Holi aporta un anclaje muy claro al cartel. No estamos ante un grupo más dentro de una programación variada, sino ante una de las formaciones más reconocibles del cruce entre música y comedia en España. Su directo es de los más celebrados del panorama nacional porque no se limita a reproducir canciones: construye un clima de complicidad con el público y juega con códigos que cualquiera puede reconocer, pero que ellos retuercen con bastante inteligencia.
La gracia de Ojete Calor está en que su propuesta funciona en varios niveles a la vez. Hay pegada musical, sí, pero también ironía, personajes, referencias pop y una voluntad constante de romper la rigidez de lo serio. Eso les convierte en un nombre especialmente coherente para una cita que se define justamente por la mezcla. Si el objetivo es conectar cultura, contradicción y comunidad, su presencia encaja de manera natural con ese enfoque.