Terror, crítica social y un regreso muy esperado
La tercera incorporación de este avance es Ghost in the Cell, coproducción entre Indonesia y Corea del Sur firmada por Joko Anwar. El director vuelve a Fancine con una historia situada en una prisión de máxima seguridad, donde los asesinatos brutales, las bandas enfrentadas y la violencia institucional se cruzan con una presencia maligna e invisible. Gore, acción, comedia negra y una lectura muy directa sobre corrupción y desigualdad se dan la mano en una película que mira al horror desde la crítica social.
Esa mezcla entre género y comentario de fondo encaja muy bien con la personalidad del festival. Fancine lleva años moviéndose con soltura entre la película de culto, la propuesta independiente y el estreno internacional, y este año refuerza esa línea con un cartel que no se limita a acumular títulos llamativos: busca también que cada uno abra una vía distinta dentro del fantástico.
Un bloque temático sobre el amor y sus grietas
Dentro de Programados para amar, la sección temática de esta edición, el festival reúne cuatro estrenos que juegan con distintas formas de entender el amor desde el fantástico. La primera parada es Little Doors, première en España y debut en el largometraje de Anthony Oberbeck, que además protagoniza la película junto a Megan Koester. Su punto de partida es tan extraño como sugerente: un mundo apocalíptico y silencioso, una mujer solitaria, un cerrajero peculiar y una pequeña puerta de madera en el costado de su cuerpo que de vez en cuando recibe golpes desde dentro.
A partir de ahí, la película se mueve entre el humor absurdo, el surrealismo y una idea muy concreta de la intimidad: qué ocurre cuando dejas entrar a alguien en tu vida y qué miedo produce abrirse del todo. La propuesta no se queda en la ocurrencia; usa esa imagen imposible para hablar de vulnerabilidad, deseo y convivencia, y lo hace desde un tono que mira de frente al desasosiego sin renunciar al juego.
Maternidad, fantasía y familias rotas
Otra de las óperas primas del apartado temático es Mum, I’m Alien Pregnant, firmada por Sean Wallace y Jordan Mark Windsor, el dúo conocido como THUNDERLIPS. La película mezcla ciencia ficción, comedia y body horror para desmontar algunos clichés sobre la maternidad con una imaginación bastante poco amable. Mary, una joven que vive con su madre, descubre que está embarazada de una criatura extraterrestre después de una aventura sexual con un vecino en una lavandería, y a partir de ahí todo se complica entre médicos escépticos, diagnósticos erróneos y una madre demasiado presente.
La otra mirada familiar llega con Paradise, coproducción con Ghana dirigida por Jérémy Comte, nominado al Óscar por su cortometraje Fauve. En su primer largo, el realizador cruza las vidas de dos adolescentes separados por el océano y unidos por una misma ausencia. Kojo, en Ghana, pierde a su padre cuando desaparece en el mar y acaba entrando en el mundo de las bandas callejeras; Tony, en Quebec, intenta entender quién es su padre a partir de la relación a distancia que su madre mantiene con un capitán de barco. ¿Qué ocurre cuando los orígenes quedan incompletos y la familia se convierte en una pregunta?
Amor, folclore y una historia que no se rinde
El bloque se completa con No Rest for the Wicked, del danés Kasper Kalle, una reinvención del imaginario vampírico situada en las islas Feroe a principios del siglo XIX. Baldur, un joven pescador que cuida de su madre viuda, se enamora de Helge, un ballenero interpretado por Pilou Asbæk. La relación entre ambos choca con la moral religiosa de la comunidad, con las obligaciones familiares y con un accidente que cambia por completo el rumbo de la historia.
Kalle se apoya en el folclore para construir un romance entre dos hombres que se resisten a separarse incluso después de la muerte. Ahí está una de las claves de esta edición: el fantástico no aparece solo como refugio de monstruos o criaturas extrañas, sino como una forma de hablar de la intimidad, de la pérdida y de la presión social con imágenes que quedan dando vueltas mucho después de la proyección.
Cómo se mueve el festival por Málaga
Más allá de las películas, Fancine mantiene su vocación de ocupar la ciudad con actividades paralelas y con la participación de estudiantes en tareas de organización. Hay atención a invitados, gestión de redes sociales, cobertura audiovisual, traducción de textos y entrevistas, venta de merchandising y apoyo a las sesiones del proyecto pedagógico, una parte que refuerza el vínculo del certamen con la comunidad universitaria.
Esa presencia repartida por Málaga hace que el festival no se limite a una sucesión de pases. Durante una semana, el cine fantástico se abre paso entre proyecciones, encuentros y actividades complementarias que amplían la experiencia del público y consolidan una costumbre muy malagueña: la de mirar el cine de género como un terreno de descubrimiento, pero también como una cita que dialoga con la ciudad y con quienes la viven.
El resultado es una edición con personalidad propia, muy atenta a los estrenos y a las miradas arriesgadas, pero también a la conversación que se genera en torno a ellas. Y eso, en un festival que lleva más de tres décadas afinando su identidad, sigue siendo una de sus mayores fortalezas.